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Posted on set 5, 2013 | 0 comments

En defensa del mundo sostenible

En defensa del mundo sostenible

Conceptos clave: sostenibilidad | derechos a la tierra | cultura indígena |

El 17 y 18 de agosto tuvo lugar en el CIDECI, o Universidad de la Tierra, en San Cristóbal de las Casas, la Cátedra Tata Juan Chavez Alonso. Fue un encuentro de los pueblos indígenas mexicanos en lucha. Se juntaron allí mil lenguas hermanas que necesitaban del castellano para entenderse entre ellas. Algunas veces el representante de un colectivo leía despacito, a trompicones, un texto escrito a mano en este idioma impuesto. Aprendí bien aprendido que el castellano nunca llegó a todos los lugares, que las lenguas tzeltal, tzotzil, chol, masaua.. nunca murieron, como tampoco lo hicieron los pueblos que las han acompañados estos más de 500 años.

Durante dos días, en el auditorio, los 200 delegados y delegadas de comunidades y organizaciones que venían de prácticamente todos los estados de México tomaban la palabra para explicar su situación:

Empresas madereras y mineras que invaden el territorio de una comunidad, explotando sus recursos y contaminando su agua. Un empresario que invade un terreno comunal sirviéndose de un grupo armado contratado y un sistema judicial que no les atiende. Una isla considerada sagrada por los indígenas invadida por el gobierno para explotación turística, con la intención de conventir esa tierra comunitaria en tierra federal. La denuncia explícita de que la industria del turismo utiliza a los indígenas para su provecho, sin que ellos salgan beneficiados de ninguna manera: “Quieren hacer de nuestras costumbres una mercancía para el turismo, un producto de atracción. Nos folklorizan”. “Nos quieren callados, nos quieren como maniquíes para que nos vean los turistas”. Más y más casos de concesiones a empresas nacionales y extranjeras para explotación minera y de otros recursos naturales, pisando territorios de estos pueblos. Titulaciones de tierras (pasar de tenencia comunal o ejidal a tenencia privada individual) y cambios legales en los usos de los suelos en favor de intereses de proyectos privados y públicos “como si esta, nuestra madre tierra, fuera una mercadería”. Megaproyectos: carreteras, parques eólicos, complejos turísticos con campos de golf y pistas de aterrizaje incluidas, el plan Puebla-Panamá. Enfrentamientos, sobornos, detenciones, represión. Asesinatos y desapariciones de aquellos que defienden su tierra. Secuestro de un grupo de observadores de una brigada de apoyo. Imposición de sistemas de representaciòn parlamentaria en comunidades con sistemas propios de gobierno democrático, que siempre se han regido por sus usos y costumbres. Compra de votos. Programas asistencialistas gubernamentales para comprar y dividir a la población. Manifestaciones y denuncias ignoradas. Promesas incumplidas. Comisiones por la defensa del territorio, es decir, grupos indígenas armados que se organizan para hacer contra a las guardias blancas. Radios comunitarias, medios libres para defender el derecho a la palabra. Y una y otra vez, “nunca más un México sin nosotros”.

Cada comunidad u organización hablaba solamente diez minutos. Solo daba tiempo para generalidades, era prácticamente una enumeración de los conflictos y violaciones de derechos. Y aún así necesitaron dos días, mañana y tarde.

Y el concepto principal es solo uno. Es desarrollo se los come. Es un desarrollo de un sistema económico, político, social y conceptual que no es el suyo. Ni ellos quieren que lo sea, ni el sistema les ofrece otro lugar que no sea el de la marginación. Los indígenas ni compran ni venden. No producen, no consumen, no interesan, quedan apartados. El problema llega cuando este sistema quiere sus tierras y recursos.

Todas las herramientas de Goliat: el dinero, el estado, los medios de comunicación, la violencia legal… al servicio de la necesidad de nuestro sistema económico de crecer, de expandir sus límites, también físicos. Estos pueblos, los pueblos del color de la tierra, conservan un modo de vida que no necesita cubrir la tierra fértil de brea para una autopista, ni ahogarla bajo una presa o llenarla de molinos para producir más energía, ni construir sobre ella para lucrarse del turismo de masas.

Ya sabemos que la economía depredadora no tiene futuro, que aunque se desaloje a todos los indígenas y se destruyan todos los espacios aún no usurpados por lo gris, pronto se va a acabar, ya no habrá por donde expandir más. Lo que aún queda es demasiado valioso. Ahí están las semillas criollas, los métodos tradicionales de cultivo, la medicina natural, la biodiversidad, todas las enseñanzas sobre cómo vivir con los recursos que a uno le corresponden en vez de con los recursos del resto de seres del planeta, presentes y futuros. Simplemente no merece la pena seguir obcecados en la expansión. Es una estupidez.

En Buscant Llavors andamos buscando y mostrando las iniciativas que construyen ese mundo no estúpido en el que queremos vivir, damos voz a quienes proponen para un futuro sostenible, porque el presente no lo es. Pero tan importante como las iniciativas del mundo sostenible es la defensa del mundo sostenible. Tan importante como construir mirando al futuro es conservar las partes del presente (que nos quieren hacer creer que pertenecen al pasado) que se mantienen fuera del sistema (un sistema que nos quieren hacer creen que llega y debe inevitablemente llegar a todos los rincones del mundo).  Por eso queremos manifestar nuestro apoyo a las luchas indígenas en defensa de las formas de vida del mundo sostenible.

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